10 de mayo de 2011

Derecho a Fumar

 Por. John Fonseca - Director Ejecutivo Instituto Amagi


¿Fumar es Malo? ¿Daño a otros haciéndolo?  Siendo sincero, la respuesta es bastante obvia.  Vemos todos los días personas fumando, sea en calles o parques, en lugares de trabajo, en bares y restaurantes. El molesto olor a tabaco se impregna en el aire y nos causa molestias a todos.  Es este un producto que causa particular mal sobre quienes lo usan, casi podría considerarse un veneno y sin embargo aún se permite su consumo en lugares públicos. ¿Quién deberá protegernos de tan nocivo vicio? Algunos fácilmente responderán que el Estado (aquel ente omnipresente y omnipotente), que deberá garantizar la Salud de los ciudadanos, que debe garantizar un ambiente armonioso, de paz con los demás ciudadanos, y que claramente fumar es un irrespeto. 
 
¿Tendrán estos paladines de la Salud, la razón? Creo personalmente que no. No porque fumar sea bueno, no porque fumar no sea dañino y ni siquiera porqué quien escriba fume o no. Creo que el Estado no debe regular este tipo de actos. ¿Regula el Estado el consumo del Alcohol en lugares públicos?  ¿Y porque no, si el consumo de licor, causa aproximadamente 43 fallecimientos por cada 100 mil habitantes?

En Costa Rica, se subscribió unos años atrás un convenio de la OMS que busca que el Estado deba restringir o prohibir el consumo de tabaco en lugares públicos. Entiéndase lugares públicos, tanto sitios abiertos como cerrados, tanto estatales como propiedad privada de individuos libres.  Algunos argumentan que esto no viola el artículo 28 de La Constitución Política; sin embargo difiero de esta opinión. 

“Nadie puede ser inquietado ni perseguido por la Manifestación de sus opiniones ni por acto alguno que no infrinja la ley. Las acciones privadas que no dañen la moral o el orden públicos, o que no perjudiquen a tercero, están fuera de la acción de la ley”

Considero que el Estado quiere decidir sobre el uso de mi propiedad privada, e incluso considero violatorio a mi libertad, el que me diga qué hacer con mi cuerpo. No en la teoría más sí en la práctica, si la vida de un ser humano transcurre de su trabajo, a su casa, de su casa a su lugar de estudio, y de vez en cuando a un bar , restaurante o parque  por ejemplo,  su vida transcurre en el ambiente de los mal llamados “Lugares Públicos”, por lo tanto se le limita al punto de anular su derecho a hacer con su vida lo que guste mientras esto no dañe directamente a otros.

Si seguimos este absurdo juego de dejar al Estado legislar en temas morales, no podremos luego quejarnos si se decide, prohibir la comida rápida (por aumentar la incidencia de problemas cardiovasculares), prohibir el consumo de alcohol, o el de tirarle maíz a las palomas de los parques. Sencillamente es una cuestión de sentido común,  o creemos que somos incapaces de dirigir nuestra vida, o nos vemos como dueños de la misma.

Es el mercado el lugar donde se deben dar estas disputas, si yo no quiero oler humo de tabaco simplemente voy a un lugar donde se prohíba fumar. Hay estudios serios, donde se demuestra que el “humo de segunda mano”, ha sido tendenciosamente analizado como una composición de humo ambiental, en el cual el humo que sale de el fumador, no es el principal componente.

Aquellos que miopemente ven a las empresas tabacaleras como “el diablo”, y a los consumidores como “los pobrecitos” basan la crítica en pseudo evidencia para justificar el accionar de un aparato estatal totalitario y que busca coartar nuestra libertad. Un mercado como cualquier otro, en el que el consumidor decida y se informe es el espacio adecuado para que se solucionen estos problemas.

Si nos vemos como dueños de nuestra vida, nos consideramos humanos, con la capacidad de decidir, de disentir, de persuadir para llegar a consensos, consideraremos que ni el Estado ni nadie deberán decirme que hacer, podrán persuadirme y yo decidiré si decido ser tolerante ante los demás. Si alguien me pide no fumar, quizá no lo haga, más si me exigen el no hacerlo es más probable que lo haga, solo veamos el caso de la fallida prohibición al alcohol en EEUU en los años 20 del siglo pasado o las leyes antidrogas que no han logrado más que aumentar la demanda, aumentar la oferta y generar mercados negros lucrativos y peligrosos.


Como humano soy dueño de mi vida, soy dueño de mi propiedad privada y defenderé mi Libertad , ya que considero que es mi decisión que hago con mi cuerpo.

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